La millonaria mesa de dinero que funcionaba en una despensa




Despensa. En Hualfin al 900, en barrio Providencia, funcionó durante varios años la principal referencia física de un enorme movimiento financiero cuya raíz original aún se ignora. (Pedro Castillo)

Vía pública. Semanas atrás, en algunos postes de barrio Providencia aparecieron afiches contra el colectivero. Ya no están más. (La Voz)


  • Su principal base de operaciones, durante años, fue una despensa de barrio Providencia, de la ciudad de Córdoba.
  • Varios vecinos se quedaron con las manos vacías.
  • Denuncian montos siderales y apuntan a un colectivero.
  • Y sospechan de alguien más.

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Un barrio de trabajadores. Una despensa. Un chofer de colectivos. Y millones de pesos y dólares que se hicieron humo. Por estas horas, en el edificio de Tribunales 2 de la ciudad de Córdoba está comenzando a revelarse una historia penal que amaga con convertirse en un escándalo de proporciones aún no imaginadas.

El de la esquina. También los de mitad de cuadra. Dos, del frente. Tres en la otra manzana. Y más allá aparecen varios más. Desde hace dos meses, una importante porción de barrio Providencia tiene un rostro en el que se mezclan la preocupación y la impotencia. Y, al mismo tiempo, la codicia y la ingenuidad.

Decenas de vecinos que perdieron los ahorros de toda una vida en una mesa de dinero que de un día para el otro desapareció.

Allí, en Providencia, barrio ubicado entre las avenidas Castro Barros y Santa Fe, asoma sólo la parte más superficial de esta aventura financiera que hoy se hizo trizas.

Para presentar la historia que se relata a continuación, fueron consultadas casi dos decenas de fuentes, entre aquellos que se presentan como víctimas y los investigadores judiciales y policiales.

Un relato que comenzó hace una década, cuando Ariel Joaquín (45), quien era chofer de colectivos de la firma Coniferal, comenzó a tentar a amigos de toda la vida en el barrio de siempre. Según lo que se pudo recoger, pedía aportes de capitales con la promesa de una importante tasa de interés mensual: entre el cuatro y el cinco por ciento.

Siempre cumplió, durante al menos 10 años. Y el boca en boca terminó por desparramar esta mesa de dinero (o de usura) de un modo inimaginable. Algunos aseguran que hoy son cientos los que perdieron todo. Otros, apuestan hasta 2.000 damnificados. En la Justicia provincial, ya hay por lo menos cuatro denuncias penales en contra de Joaquín. Una de ellas proviene desde San Juan.

Un abogado ya recibió una consulta masiva para hacer un planteo en conjunto.

Y como siempre sucede en este negocio que se mueve en los márgenes de la ley, muchos otros saben que jamás podrán ir a Tribunales: no hay papeles, no hay firmas, no hay contratos y tampoco hay muchas ganas de contarle a un fiscal de dónde cada uno de ellos había sacado esos dineros.

Porque en esta mesa, según contaron los consultados para esta nota, la dirección de los que invertían terminó por ser de lo más variada: vecinos, sí, pero también muchos empleados públicos, comerciantes y empresarios, entre otros.

Y, cuentan, aparecen otros ligados a aquellos negocios que jamás se pueden blanquear en el mundo formal de las finanzas.

Hay algunos que pusieron 200 mil pesos y otros que invirtieron millones. Entre el cuatro y el cinco por ciento mensual era muy tentador. Casi nadie hoy quiere contarle a un periodista cuánto es el monto real que perdió. Y, tampoco, cuánto ganó mientras figuraba como ?inversor?.

Los denunciantes aseguran que Joaquín ofrecía ?círculos? de 500 mil dólares y de 10 millones de pesos. En cada ?círculo?, los ?inversores? ponían el dinero que quisieran. Hasta que se completaba. Y ahí mismo se comenzaban a pagar los intereses.

Todo era dinámico. Apenas se completaba un ?círculo?, se iniciaba otro. Hay quienes comenzaron en un ?círculo? y a los intereses los iban invirtiendo en nuevos ?círculos?. Hoy perdieron todo.


La fachada menos pensada

El 10 de cada mes, la despensa de Hualfin al 900, pleno barrio Providencia, en la ciudad de Córdoba, adquiría un ritmo fuera del habitual. Hasta hace 50 días, era la despensa de Joaquín. El colectivero, al que en la zona conocían como ?Dientón? o ?el Gordo?, llegaba en su auto particular, abría el baúl y sacaba bolsas con fajos y más fajos de billetes en pesos, siempre según la descripción de quienes aseguran haber tratado con él durante años.

Luego, ese mismo día, la llegada incesante de automovilistas y gente a pie terminaba por formar parte de la dinámica cotidiana de esa cuadra. Cada uno ingresaba en la despensa, retiraba el sobre a su nombre y se iba con su interés en el bolsillo.

Los 26 de cada mes, la operación se repetía, pero para los ?inversores? en dólares.

?Nunca se atrasó?, coinciden quienes hoy se preguntan cómo se derrumbó todo.

Tampoco jamás fue víctima de ningún asalto durante esas fechas, pese a lo extendido que estaba el conocimiento público por esas cuadras sobre los días y las modalidades de pago.

¿Con qué respaldo actuaba Joaquín? Aquí las versiones se cruzan: algunos estaban seguros de que era una empresa de transporte la que le hacía de soporte financiero; otros afirman que el colectivero les dijo que había una importante tarjeta de crédito; más acá en el tiempo, unos vecinos indicaron que Joaquín les había confiado que ahora trabajaba con una financiera de la city cordobesa. Aquellas que el común de la gente llama ?cuevas?.

Joaquín permaneció en el barrio durante buena parte de esta década como ?financista?. Luego, se mudó junto a su mujer y su hija a Alta Córdoba. Comenzó a cambiar de manera periódica de autos, cada vez de mejor gama. También era usual que viajara al exterior.

Él siempre daba la cara: si alguien necesitaba algún adelanto, le respondía y se ocupaba de que cada 10 y cada 26 de cada mes todos los ?inversores? se fueran contentos de la despensa. Todo de palabra. Y nunca se retrasaba. Hay decenas de teléfonos celulares que almacenan chats con él en ese sentido.

Pero el 8 de junio último, su estado de WhatsApp puso en alerta a más de uno: ?Chau me fui?. Desde entonces, dejó de atender las llamadas. Ya se había salteado el pago del 26 de mayo y sus promesas se habían vuelto tan reiteradas como poco creíbles.

El 14 de ese mes, su esposa María Florencia Mariano creó un grupo de WhatsApp y a un montón de contactos les llegó al mismo tiempo la voz afligida de la mujer que aseguraba que Joaquín se había intentado quitar la vida y estaba internado en el Sanatorio Morra. La mujer daba el DNI de su esposo e invitaba a quien quisiera que fuera hacia la clínica a corroborarlo.

Mariano, entre sollozos, dijo que junto a su hija estaban encerradas desde hacía dos días y no paraban de recibir amenazas de secuestro.

Desde su lugar de internación, poco después el propio Joaquín le hizo llegar un audio a un grupo de amigos de toda la vida que también habían sido víctimas. Se lo escuchaba decir que estaba mal, que no tenía cara para pedirles perdón y que todo se le había ido de las manos. En cinco minutos y 33 segundos, hablaba de un viaje a cuyo regreso se topó con una financiera que de un día para el otro había levantado campamento y lo había dejado sin nada.

?Después de un mes de que pasó todo esto, lo único que puedo hacer es mandarles un mensaje y decirles perdón y que me perdonen. Hice mal las cosas, me dejé llevar por una gente, me dejé llevar por la tentación del dinero. Hace tres años que estaba con esta gente y creí que no me iban a fallar, confié mucho en ellos y creí que ellos nos iban a hacer ganar más plata a todos?, se escucha al comienzo.

?Hoy nos toca perder, sé que ustedes están mal. Reconozco que hice mal las cosas y perdí todo. En lo económico, pero también perdí amigos y familiares?, continúa.

El miércoles último, La Voz fue hasta su domicilio para conocer de primera mano cuál es su versión de todo lo que se está diciendo y denunciado a su alrededor.

A media mañana, nadie atendió las distintas llamadas al timbre y a la puerta. Vecinos aseguraron que la familia continuaba viviendo allí.

A la tarde, su esposa atendió el teléfono fijo: dijo que Joaquín por ahora no vive con ellas, que suele ir a visitarlas y que si alguien tenía algo que decir, que fuera a la Justicia. Agregó que su marido ya había contratado a un abogado defensor, pero se negó dar el nombre del letrado. Sólo pidió un número de teléfono al periodista y dijo que cualquier cosa lo iban a llamar. Algo que hasta ahora no sucedió.

Venganza y lamentos

Joaquín ya no está internado, aunque los vecinos de Providencia ignoran si regresó a su antiguo trabajo como colectivero.

Ya no tiene la despensa, que tras un mes de estar con las persianas bajas volvió a abrir con un nuevo propietario. Quien la atiende ahora asegura que al negocio continúa llegando gente que pregunta por Joaquín. Algunos con caras de pocos amigos. Otros, lloran y lamentan haber perdido todo lo que habían ahorrado. Un peregrinar de deseos de venganza y de lamentos.

Hoy, todos quienes lo denuncian dicen haberse dado cuenta de que en realidad Joaquín no era el ?financista?. Que arriba de él tuvo que estar alguien mucho más solvente y poderoso, pero al que nadie todavía logra identificar. Rostros grises, sin nombre, que nunca aparecen.

Que el estallido de esta mesa de dinero se haya producido a pocas semanas de las elecciones provinciales y municipales de Córdoba, es un dato que a varios les despierta suspicacias. Es que aquel fue el único acontecimiento político y económico significativo cuando todo se hizo humo. Especulaciones que por ahora no tienen otro sustento claro.

WhatsApp pasó a convertirse en el nuevo ?círculo?. Distintos grupos de damnificados se han ido creando desde entonces. Algunos se conocen entre sí y otros ignoran cómo llegaron hasta ellos. En unos, se hace catarsis colectiva; en otro, buscan aplacar ánimos (?sabíamos a qué nos arriesgábamos y mientras duró, todos ganamos guita?), y en otros, el enojo y la bronca marcan el ritmo.

Pero hay un grupo que hace varios días permanece en silencio. Ocurrió cuando los distintos integrantes compartían opiniones y estrategias por seguir y se debatía sobre la posibilidad de buscar un abogado. Fue entonces que irrumpió un audio de un número que nadie tenía agendado y que en evidente tono caribeño advirtió: ?Acá todos saben cómo se solucionan estas cosas: hay que cobrarle de otra forma?. ?Desde que habló ?el colombiano?, todos se quedaron callados?, confió uno de los consultados para esta nota.

Hace unas semanas, en algunos postes de Providencia apareció el rostro de Joaquín y la leyenda ?Buscado por estafador?.

La salida violenta no asoma, al menos entre los que hablaron con La Voz. ?Si le pasa algo a Ariel, va a ser imposible saber quién estaba arriba de él. Acá todos quieren su dinero?, resumió una mujer.

A la Justicia

El miércoles a la siesta, un reconocido abogado penalista se reunió con un grupo de vecinos en un comercio de Castro Barros. El jueves, otro grupo se autoconvocó en un bar de la avenida Caraffa.

En la unidad judicial 2, de barrio Alberdi, y en la unidad judicial 15, de la avenida Castro Barros, llegaron entre cuatro y cinco denuncias penales contra Joaquín. El expediente estuvo en un limbo judicial, ya que al principio no estaba claro por jurisdicción a qué fiscalía le correspondía.

El jueves último, estas denuncias llegaron agrupadas a la fiscalía de Distrito 3 Turno 7 de la ciudad de Córdoba, a cargo de Raúl Garzón. El fiscal confirmó la recepción del caso y ya ordenó una serie de medidas.

En Tribunales 2, quienes han escuchado de la presunta maniobra tal como ha sido descripta por los denunciantes ya especulan que todo podría pasar al fuero federal, ante la sospecha de una intermediación financiera no autorizada, la misma carátula legal con la que fueron condenados los responsables de la financiera Cordubensis (CBI). Esta semana será clave en el terreno judicial. Todo recién comienza.

Caída de mesa de dinero en Providencia desata ola de denuncias


El abogado Carlos Nayi agrupó 24 presentaciones y aseguró que podrían ascender a mas de dos mil. Apuntan a un chofer de Coniferal.

La caída de una mesa de dinero, que funcionó durante más de cinco años en un almacén de barrio Providencia, generó una denuncia colectiva que agrupa a 24 perjudicados.

Carlos Nayi, abogado que representa a los denunciantes, señaló que las cifras que habría manejado el chofer de Coniferal Ariel Joaquín serían ?varias veces millonarias".

?La versión que daba era que ese monto, detrás del cual estaba la empresa, formaba parte de un grupo de inversores a cambio del cual, siempre en forma legal, se pagaba una tasa de interés", afirmó Nayi. El letrado también estimó que existirían cerca de 2100 damnificados en torno a la financiera ilegal.

El hombre que manejaba la mesa de dinero en Providencia vendió el almacén y no volvió a dar ninguna señal a los aportantes.

La investigación por ?estafa, intermediación financiera no autorizada y asociación ilícita está cargo de la fiscalía de Distrito 3 Turno 7.

Cba 24N

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